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21 de enero de 2009

Cirugía Mayor

Una mujer fue al cirujano plástico porque quería reducir el tamaño de sus labios vaginales externos, que colgaban sueltos y flameantes.

Por temor al bochorno, insistió ante el cirujano en que sólo se pondría en sus manos si él le garantizaba absoluta confidencialidad y secreto.

El cirujano aceptó y, en la fecha fijada, se procedió a la operación bajo anestesia total.

Al salir de la anestesia la mujer vio que sobre la mesita junto a su cama había tres rosas cuidadosamente colocadas. Temiendo lo peor, montó en cólera, llamó al cirujano y le dijo:

—Le pedí muy claramente que usted no dijera a nadie lo de mi operación. ¿Quiere explicarme qué significan estas tres rosas?

El cirujano respondió que él había cumplido con la petición que ella le hiciera, y con calma explicó:

—La primera rosa se la envié yo porque me compadecí de que usted tuviera que vivir sola todos los pasos de la operación. La segunda se la envió mi enfermera, que me asistió en la cirugía y se identificó con usted porque ella pasó por el mismo procedimiento hace algún tiempo atrás.

—¿Y qué hay de la tercera rosa?— preguntó, aún enojada, la mujer.

—Ésa se la envió el hombre que está en el piso de arriba, en la Unidad de Quemados, alguien que, aunque no la conoce a usted ni usted lo conoce a él, quiso agradecerle por sus nuevas orejas.

Visto en Webalia

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