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6 de abril de 2011

Si la patria te olvidó, mi canto no, mi canto no...

Canta a voz en cuello Don Willy Alfaro, trayendo a la memoria al guerrillero chicheño Cnl. Pedro Arraya y, con él, a todos aquellos que con su lucha hicieron posible la independencia patria para quedar,  luego, relegados al olvido de la nación y sus autoridades que no cejan en su empeño de rendir homenaje y celebrar las glorias de quienes, sin disparar un tiro ni desenvainar la espada para la lucha en el Alto Perú, son considerados los padres de la patria. Que tuvieron sus méritos nadie lo niega pero ignorar lo nuestro pues...

Bueno, resulta que el pasado sábado 2 de abril, fecha en que celebro con alegría el cumpleaños de mamá, si pues, tengo la dicha que la Sra. Betty Murillo Jurado, chicheña y tupiceña ella, sea mi madre, decidí entrar a la peluquería a que me corten el cabello y la barba y, así, estar presentable (fachero dicen los paisanos) en la reunión que organizamos con Angelita, mi esposa, para festejarla junto a la familia.

Y ahí nomas que... ¡Zas panchita! al hojear las páginas de El Diario, me encuentro con una nota que viene a relación con el párrafo que inicia esta entrada del blog y que me atrevo a compartir con ustedes, para que lo recuerden algunos y conozcan, quienes no habían escuchado de ella, esta parte importante de la historia nacional, que (¿No se por qué che?) se empeñaron, algunos, en ocultar o ignorar.

Pero como el dicho dice, "al final, la verdad sale a la luz" y gracias a Don Saturnino Mayorga Pérez, tenemos este relato sobre:

Saturnino Mayorga Pérez

A 127 Km. de la ciudad de Potosí se levanta el escenario espléndido de Tumusla, en medio de manchas vegetales impregnadas de fragancia valluna, sobre la vera del caudaloso río del mismo nombre, de la provincia Nor Chichas del Departamento de Potosí.

En ese paraje de clima benigno, el 1 de abril de 1825 se realizó un hecho digno de ser evocado. Estas breves líneas trasuntan, a 186 años, aquel suceso memorable en el camino de la libertad de la Patria, poco valorado en su verdadera dimensión, siendo calificado como una simple insurrección de un jefe patriota, a quien todavía no se ha hecho debida justicia. Sin embargo este hecho histórico figura en las páginas gloriosas de la historia argentina.

Este acontecimiento, según recientes investigaciones, fue en realidad una cruenta batalla entre las fuerzas patriotas comandadas por el chicheño coronel Carlos Medinaceli Lizarazu contra las fuerzas realistas al mando del general Pedro Antonio Olañeta.

El coronel Medinaceli, que había resuelto reconocer la honrosa Capitulación de Ayacucho y cumplir su promesa ante el mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, desde Talina, población próxima a Tupiza, le había manifestado a Olañeta, mediante carta de 9 de enero de 1825: “Como charquino y patriota que soy por sobre todo, nacido en esta tierra de Chichas y de Charcas, declaro públicamente ante usted y le hago saber hoy mismo al mariscal Sucre, que a partir de la fecha no debe usted contar conmigo...”. Además, “que si insiste en desconocimiento de Ayacucho, debe prepararse para la guerra definitiva”.

El mismo día, también desde Talina, Medinaceli se dirigió en carta al mariscal Sucre, haciéndole saber que el 1 de febrero iba a proclamar en Cotagaita, en completo acuerdo con los guerrilleros de la Patria y los comandantes de tropa, la independencia total del Alto Perú, de la corona española y de los virreinatos de las provincias del Río de la Plata y del Perú.

Según partes oficiales, la batalla sangrienta se libró en el río de Tumusla, que duró desde las 3 de la tarde hasta las 7 de la noche del Jueves Santo, el 1 de abril de 1825. Intervinieron por parte de las fuerzas patriotas 25 jefes y oficiales, 1.300 clases y soldados pertenecientes al regimiento “Cazadores a Caballo”, comandado por el prócer potosino teniente coronel Melchor Daza, más tarde firmante del Acta de la Independencia como diputado por Potosí; el batallón “Cazadores de Chichas” comandado por el teniente coronel Miguel Mérida; más otros 500 hombres enviados desde Tarija por el legendario guerrillero Eustaquio “Moto” Méndez y 800 hombres con los que contribuyó Tupiza.

El resultado fue de 136 muertos en combate y 270 heridos, entre ellos el coronel Melchor Daza, además de los teniente coroneles José Herrera, José Cardozo, Manuel Toro, José Antonio Arenas y mayor Juan de Villegas. Por su parte la División de Olañeta contaba con un ejército de 1.700 hombres. El saldo de la contienda fue de 250 heridos entre oficiales y soldados realistas y 150 muertos, entre ellos el general Olañeta, que había resuelto continuar con la guerra.

El general José María Valdez, que se había atrincherado en la retaguardia con su batallón “Unión” en Chequelte, lugar muy próximo a Tumusla, había capitulado y rendido ante el patriota coronel José María Pérez Urdininea, que después fue presidente de la República de Bolivia.

Sucre, que ya se encontraba en Potosí, recibió el parte oficial mediante el estafeta capitán Max Paredes, firmado por Medinaceli, que había derrotado a las últimas fuerzas realistas, por lo que manifestó su satisfacción, ya que con el último disparo dado en Tumusla, había finalizado la guerra por la independencia y por consiguiente el ejército libertador no había tenido motivo para disparar a favor del Alto Perú, que era libre e independiente por sus propios esfuerzos y la voluntad de sus hijos.

Como se puede apreciar, la batalla de Tumusla no fue poca cosa, como anotan lacónicamente nuestros libros de historia, sino que selló la independencia nacional. Por justicia corresponde un reconocimiento a la acción de Tumusla, tergiversada por los hombres de “dos caras” que han tratado de eclipsarla, encabezados por Casimiro Olañeta, sobrino, secretario y consejero de su tío, general Pedro Antonio Olañeta, muerto en Tumusla.

Tomado de El Diario

3 comentarios:

  1. Luis Sivila1:14 p.m.

    Como es costumbre, la historia es escrita por intereses politicos y relegan la verdad en desmedro de hombres, pueblos y hechos que cambiarian la forma de ver nuestro pasado y proyección del futuro. Felicidades a Don Saturnino Mayorga por refrescar la memoria.

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