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31 de marzo de 2014

TUMUSLA

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La última acción armada de los españoles en América del Sur

Enviado por el paisano Teofilo Hidalgo

Imagen tomada del blog de Freddy Tarcaya G.
Tumusla es un combate poco conocido pero en realidad radica su importancia en haber sido la última acción armada de los españoles en América del Sur.

Como consecuencia de las victorias americanas en Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (9 de diciembre de 1824), España perdía los territorios de Ecuador y Perú donde, por más de tres siglos, había extraído grandes riquezas para las arcas de la Corona. Previamente, como consecuencia de las “Guerras por la Independencia”, había tenido que abandonar el entonces Virreinato del Río de la Plata, las Gobernaciones de Paraguay y Montevideo y la Capitanía General de Chile.

Pero, por disidencias internas entre los Comandantes españoles[1]- el liberal José de Canterac en el Perú y el monárquico absolutista Pedro Antonio de Olañeta en el Alto Perú-, las tropas realistas de esta última región (hoy Bolivia) no habían participado en las batallas de Junín ni en la de Ayacucho y se encontraban intactas en territorio altoperuano a ordenes del Brigadier General Olañeta.

Olañeta (1789-1825) durante las Guerras de la Independencia siempre configuró una amenaza para las actuales provincias del noroeste de la Argentina; comerciante español, radicado en Salta, donde estableció un vasto comercio en el Virreinato del Río de la Plata, especialmente entre Potosí y Buenos Aires; profundamente conservador, absolutamente católico y totalmente leal a la Corona de España. Ofreció sus servicios al ejército realista después del 25 de mayo de 1810, cuando las fuerzas patriotas iniciaron la expansión de la Revolución de Mayo.

Sus recursos económicos y humanos, sus numerosos e importantes contactos con políticos, militares, eclesiásticos y comerciantes, su conocimiento del terreno y de la idiosincrasia de los lugareños, su aguzada inteligencia para aprender los procedimientos militares, hicieron de él un valioso elemento para el Ejército español. Luchó contra las fuerzas patriotas en las batallas de Tucumán, Salta, Vilcapugio, Ayohuma y Sipe Sipe.

Después de 1816, encontrándose el General San Martín absorbido en la formación del Ejército de los Andes para llevar a cabo su “Plan Continental”, la lucha en Jujuy y Salta se convirtió en una operación defensiva, de contención, más que en el teatro de las operaciones bélicas como había sido desde 1810 hasta entonces, trasladándose a Cuyo y luego a Chile el esfuerzo principal de la guerra.

Aprovechando esta coyuntura, Olañeta invadió reiteradamente la Provincia de Jujuy, ocupando su capital en 1817 y estableciendo allí su cuartel general; intentó tomar Salta pero fue derrotado por el responsable de la defensa del norte argentino, el General Martín Miguel Juan de Mata Güemes. Esta acción defensiva era necesaria para que San Martín pudiese continuar su ofensiva contra las tropas realistas de Chile y Perú.

Es así como, a principios de 1825, este General realista había concentrado sus fuerzas en Potosí, aunque bastante disminuidas por las deserciones.

Los patriotas altoperuanos proclamaron la independencia el 22 de enero de 1825 y el patriota General José Miguel Lanza ingresó a la ciudad de La Paz con sus tropas, salidas de las republiquetas de Ayopaya e Inquisivi, tomando posesión de la misma el día 23.

El 29 de marzo llegó a Potosí el Mariscal Sucre, llamado por los altoperuanos “El Mariscal de Ayacucho”, ascendido a ese máximo grado militar por el Congreso del Perú. Horas antes, había abandonado la ciudad el Comandante realista para unirse al resto de sus fuerzas acantonadas en Tumusla[2]. Allí comprobó que sus soldados se habían pronunciado por la causa americana, encabezados por su segundo, el Coronel Carlos Medinaceli.

Por el deseo de restablecer su autoridad y continuar las acciones bélicas contra los americanos, el 1 de abril de 1825 Olañeta ordenó a la tropa que lo acompañaba desde Potosí, que atacaran a los rebeldes y en esa acción se produjo el Combate de Tumusla, donde el General Olañeta perdió la vida[3]. De esta manera, casi desconocida, en Tumusla cayó el último baluarte de los españoles en América del Sur y quedó consolidada la libertad americana. Así quedo cristalizado el sueño de los generales San Martín, Belgrano, Güemes, Artigas, O’Higgins, Bolívar, Sucre y tantos patriotas americanos más.

Reflexión:
De todo lo narrado, surge una reflexión principal: ¿Por qué el ocaso del predominio español en la Guerra de la Independencia americana, no obstante la notoria superioridad numérica, de materiales y de adiestramiento de las fuerzas realistas que defendían el pendón de España en América?

En 1820 la revolución encabezada por Rafael de Riego, en Cádiz, había impedido el envío de una poderosa expedición militar con destino al Río de la Plata, mientras que en España obligaba a Fernando VII a someterse a la Constitución liberal.

Aquella circunstancia política originó, tanto en España como en América, el enfrentamiento de absolutistas y liberales, viéndose reflejado en las filas de los ejércitos realistas, donde también se produjeron escisiones, originando desacuerdos entre los mismos generales españoles que luchaban contra los patriotas americanos.

A la luz de los hechos surge claramente que éste fue el principal motivo del debilitamiento y posterior derrota del Ejército realista en Junín, Ayacucho y en el Alto Perú. El Ejército español en América del Sur fue batido por partes.

La enseñanza de esta reflexión es que las ideologías no deben anteponerse a los objetivos de la Nación.

Bibliografía consultada:
- Todo es Historia; Biografía de Pedro Antonio de Olañeta.
- Diario Opinión, Bolivia (14 de enero de 2003), La Batalla de Tumusla, por Floren Sanabria G.
[1] El enfrentamiento, en España y en sus colonias, entre absolutistas y liberales.
[2] En el actual Departamento boliviano de Potosí, aproximadamente a 180 kilómetros al norte de la ciudad argentina de La Quiaca (Jujuy).
[3] Dos meses después, irónicamente, Fernando VII (ignorando su muerte), lo recompensó con el nombramiento de Virrey del Perú.

20 de marzo de 2014

era Ce el cuarto

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Durante los tres años anteriores, los lazos de compañerismo se habían fortalecido y estábamos listos para concluir nuestra vida de colegiales, bajo el manto rojo y blanco del Colegio Nacional Mixto Suipacha, primer colegio provincial de Bolivia, del cual este 21 de marzo de 2014, la muchachada suipachista, estará celebrando sus Bodas de Diamante. ¡Caray che, setenta y cinco años y montones de changos que pasaron por sus aulas!.

La hora del morfe, en el último día de campo que
compartimos, nos acompaña el profesor Jaime Thames.
La promoción del ochenta y dos estaba en general, dispuesta a marcar un hito entre lo que fueron las promociones que nos precedieron y las que vendrían luego, así fue que  para dar la bienvenida a los nuevos compañeros de colegio, organizamos su bautizo con chocolate, baberos y la entrega de su certificado de nacimiento suipachista, ¿te acordas Sdenka?.

Por otra parte, el festejo del día del maestro no concluyó ese año, con la tradicional hora cívica, al contrario, cosa nunca vista antes, invitamos a los maestros a permanecer en el salón de actos y despachamos a los compañeros de los cursos inferiores, para dar paso a continuación, al festejo en serio con bocadillos, bailongo y coctelachos.

Pero, el “Cuarto C” demostró su carácter en tres eventos que permanecen seguro, en la memoria de quienes fuimos parte de ellos, de los cuales contaré el siguiente:

Así sucedieron los hechos que cuento, conforme los recuerdo y si omito algún detalle que resalte el valor del que hacíamos gala, conforme a la letra del himno del colegio ("Retemplad tu valor, siempre adelante juventud del Suipacha a la acción..."), lo escriben por favor, en los comentarios para completar la historia.

Ya había pasado un tiempo prudente desde aquel día, en que nos amotinamos y decidimos usar el silencio como arma de protesta, las aguas retomaron su cauce y las actividades que permitirían costearnos el viaje de fin de año se llevaban a cabo conforme se iban programando. Y así, sin prisa pero sin pausa, nos dirigíamos a paso firme hacia el día en que guiados por el profesor Mario Calvetty, anunciaríamos a voz en cuello que “Llegó el momento de decir adiós, adiós, adiós…” y esito sería, allí concluiría nuestra vida de colegiales.

Destacan en esta fotografía, las muchachas de la Promo 82.
Pero como el diablo no sabe cuando ni para quien trabaja, un día de esos sorprendió nuestra inocencia con la ausencia del docente de turno y nos encontramos a media mañana, sin clases y con dos periodos para hacer lo que nos diera la gana.

Así fue que sin la menor idea de aprovechar el tiempo libre, para repasar los libros o lecciones avanzadas y gracias a la genial idea de algún osado compañero, decidimos que lo mejor que se podía hacer para pasar el tiempo, era ir a dar una vuelta por la plaza y volver a tiempo para la siguiente clase, considerando que ésta (la plaza) no quedaba a más de dos cuadras de distancia y sería cosa de ida y vuelta.

Con esta idea en mente, aunque sin saber cómo lo haríamos, nos dirigimos hacia la dirección, dónde como si fuera cosa de mandinga siempre, encontramos que ésta se encontraba vacía, la puerta que daba a la calle sin llave y por tanto, el camino libre.

Salimos pues, nada de patitas pa que las quiero, sino en fila india simulando formación con las chicas por delante, por si aparecía algún metiche y se le ocurría preguntar adonde iba el “Ce”, hacia la avenida Prof. Saturnino  Murillo para luego dirigirnos hacia la plaza.

Mira vos cómo son las cosas, que cuando enrumbamos por la calle 7 de noviembre, apareció un grupo de docentes, a los cuales saludamos como si tal cosa y claro, al vernos éstos, marchar casi formados en filas de a cuatro en fondo, qué iban a imaginarse que se trataba de una chachada en masa.

Finalmente, una vez que llegamos a la plaza, nos dispersamos en grupos y a nadie se le ocurrió siquiera, mencionar que la idea era volver al colegio.

El Ce de segundo año, nos acompaña adelante el profe de música
y en la segunda fila, segunda empezando por la derecha
la profesora de francés (¿se acuerdan?).
Al día siguiente, como ya era usual los dirigentes del curso fuimos convocados a la dirección, para recibir la amonestación correspondiente, a la cual osadamente replicamos con el argumento de que la culpa la tenían el profesor que no asistió a clases y quienes dejaron la dirección vacía y la puerta sin llave. Y para cerrar la argumentación con broche de oro, se les recordó que si querían expulsar a alguien, tendrían que mandar con rumbo a su casa a todo el ”Cuarto C” porque de otro modo, volveríamos a encontrarnos con un movimiento similar al que tuvo lugar a principios de año (¡Que tal metal!).

Chura anécdota que significó  tal vez, para alguna(s) compañera(s) o compañero(s) no dejar mentir a Don Willy Alfaro cuando canta:

 “...y una chachadita, nadie se libra de la chachada
 y recogerse patapila, sin cuadernos, libros ni mochila".

Aparte de las fotografiadas gentilmente enviadas por Elizabeth, comparto la lista de quienes fuimos parte de aquel curso que con unidad y coraje, alcanzamos nuestros objetivos de promoción y abrimos la senda para que otros también lo hagan, con ustedes los muchachos de mi promoción, el Ce:

  1. Lila Aguilar
  2. Freddy Angelo
  3. Johanns Arteaga
  4. Freddy Beltrán
  5. René Castro
  6. Juan Carlos Duran
  7. Mirta Fajardo
  8. Adolfo Fernández
  9. Gualberto Lamas
  10. Ernesto Lima
  11. Gonzalo E. Lima
  12. Wilfredo León
  13. Victor Hugo Leoni
  14. Henri Liquitaya
  15. Rossemary Mamani
  16. Wilfredo Mamani
  1. Luis Martinez
  2. José Luis Moscoso
  3. Carlos Hugo Quintanilla
  4. Freddy Rocha
  5. Elena Romero
  6. David Salazar
  7. Elizabeth Santy
  8. Johnny Segovia
  9. Maria Elena Soza
  10. Arturo Tavera
  11. Roosevelt Varela
  12. Ricardo Virrueta
  13. Gilde Vidaurre
  14. Lidia Vidaurre
  15. Rebeca Zamudio

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