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8 de octubre de 2015

Pataco para rato II

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Pasó el sofocón y con alegría vimos y escuchamos a Luis Miguel ya recuperado, como ratificando que tenemos todavía "Pataco para rato". Alegría de saber que está mejor y constatar que como dijimos días atrás, él es conocido por la paisanada en general (o casi) y leímos muchas muestras de cariño y deseos de pronta mejoría, recibimos también llamadas y mensajes de amigos, requiriendo datos sobre su salud, su teléfono para llamarle y no faltó el que aseguraba su presencia y la de otros paisanos en la kermesse que organizó "La Embajada Tupiceña", a efectos de recaudar fondos que coadyuven a solventar los gastos que demanda tener Pataco para rato, ¡qué va ser gratis pues!

También la satisfacción de constatar que Pataco cuenta con amigos que van más allá del deseo sincero de mejoría y pasaron a la ayuda material en los momentos que él más lo necesitó, ¡Gracias Garo!

Y el amigo que recién enterado del suceso, llamó solicitando el teléfono de Luis Miguel, para aprovechando la estadía de ambos en Cochabamba, darle un abrazo y brindarle el apoyo económico necesario para la compra de medicamentos, por ejemplo, ¡Gracias Jaime!

Y gracias, a todas las amigas, amigos, paisanas y paisanos que estuvieron pendientes de la salud del Pataco y lo manifestaron de diferentes maneras.

Gracias también adelantadas, por el aporte que seguro estáis dispuestos a hacer para apoyar ahora, a la recuperación efectiva de Pataco, cualquier día de ésta o la próxima semana y de cualquier otra también, que para colaborar no hay plazos.

No hay aporte que por pequeño sea malo y todos serán bien recibidos a nombre de Luis Miguel Murillo Balcera, en la Cuenta Nº 54110006775 del Banco FIE S.A.

Dale anímate y así entre todos lograremos que pronto Luis Miguel, esté de vuelta en el pago y podamos gozar cuando volvamos a Tupiza el pueblito encantao, con la sonrisa franca, el abrazo sincero, las noticias frescas, unas deliciosas salteñás, pucacapas, sandwichs de matahambre y las anécdotas de sus fieles compañeros. 

Mmm... si sólo la mitad de los contactos que tengo en FB, fueran paisanos y cada uno de ellos aportará con Bs100 o ya bueno, digamos con Bs50 por cabeza (más otro tanto de la lista de paisanos del correo electrónico), qué buen respaldo se tendría para contar con Pataco para rato ¿no ve? No se, piénsalo.

30 de septiembre de 2015

Pataco para rato

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Seguro estoy que tu también compartiste algún momento con él, disfrutaste una salteña, pucacapa o un buen sandwich de matahambre. Y a nadie le asombraría si acaso, algún día, cuentas la forma afectuosa en que te recibió aquella vez que retornaste al pago, es que él es así, amigo cariñoso y leal como el que más y sin duda un personaje tupiceño de los que ya quedan pocos.

Él, se encuentra ahora en Cochabamba, ciudad a la que arribó a efectos de que le realicen los análisis y tratamientos requeridos para que pronto se encuentre nuevamente por las calles de su querida Tupiza, presto a brindarnos un abrazo fraterno, la sonrisa franca y alguna delicia para nuestro paladar.

Por eso, ahora que el Pataco se encuentra atravesando una fea etapa, quizá la más dura que le tocó afrontar, por la que su salud se ve seriamente afectada, acudimos a ti para pedir tu apoyo y así, entre todos quienes conocemos y queremos a Luis Miguel, tengamos: ¡Pataco para rato!

Puedes colaborar con Luis Miguel Murillo Balcera, tal es el nombre del Pataco, de dos maneras:
  1. Depositando tu aporte solidario en una de las siguientes cuentas bancarias (en bolivianos) a nombre de ILSEN ROSALVA MOGRO MURILLO (sí ella es hija de la Titina)LUIS MIGUEL MURILLO BALCERA:

    • 3501270066 "54110006775" en el Banco Nacional de Bolivia S.A. (BNB)

    • 412-2-1-14417-0 en el Banco PRODEM S.A

  2. Si vives o estás en Cochabamba, participando de la "kermesse" que se realizará el día domingo 4 de octubre de 2015, a partir de Hrs 10:30, en la "Embajada Tupiceña" (Km. 11 de la Av. Blanco Galindo, 3 cuadras al norte a mano derecha), en la cual se servirán los ricos platos chicheños y podrás disfrutar de la compañía de los paisanos y la música del pago, contribuyendo además, con una buena causa.
Dale, colabora ahora y entre todos tendremos...

¡Pataco para rato!

Gracias.

3 de septiembre de 2015

Septiembre rojo...

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Por: Cristóbal Vargas Choque
(Madrid 2/9/2015)

Cómo una fatalidad casi puntual, le llegó su hora al flaco Manuel, no sé si tuvo algunos minutos para recordar aquel momento donde empezó su azorosa y desdichada vida de la que no quería hablar, o cuando nos acercábamos a ella en las tertulias, solía callar y con su acostumbrada manía pasaba de un tema a otro para no sentirse azorado por el pasado que le perseguía cada amanecer.
Quizá por eso halló consuelo o fácil refugio en la bebida, pues el alcohol era capaz de prolongarle sus fantasías, hacer ciertos sus embustes y disipar sus culpas que le corroían las entrañas.

Otrora el flaco Manuel fue un tipo estirado, de educadas formas y modales victorianos, era de esos que reniegan cuando se sorbe la sopa o no se tiene la destreza suficiente para utilizar los cubiertos, renegaba de la pobreza y la asociaba burdamente a podredumbre, según él: "bajeza humana"; cual un fanático arguediano echado a superior creía religiosamente que existía un orden divino en el que ya estaba predeterminado el lugar que ocuparían las personas de "bien", de los "otros", de la chusma, como le gustaba repetir, no era necesario siquiera mencionarlos, Ellos -decía rotundo- "Ahí, abajo".

Al parecer estos moldes encorsetados de su vida familiar le llevaron a transitar por caminos errantes, luego de su frustado ingreso a los estudios superiores, decidió forjarse el futuro como ayudante o empleado en las oficinas de tránsito del pueblo, donde los motorizados no pasaban de una treintena y las bicicletas más bien respondían al parecer a ordenanzas municipales, pero había una similitud, ambas reparticiones públicas uniformaban a sus esbirros del mismo color, azul oscuro.

Se las pasaba muy bien el flaco Manuel luciendo sus lustradas botas, los cinturones y correajes, uno de ellos le cruzaba el pecho plano diviendo en dos campos con sus respectivos bolsillos, en uno, un silbato colgaba del ojal y en el otro una fila de bolígrafos de varios colores, a manera de distinciones o condecoraciones formaba una linea horizontal perceptible desde lejos, iba y venía siempre en aquella motocicleta, al parece era una Gilera descomunalmente grande entre todas las de su época- De arriba abajo, de la oficina al "Gallo de Oro", de la Granja al Hospital era su itinerario, sin dejar de ir por lo menos una vez por el cementerio- allí suelen pasar siempre cosas insospechadas- a demostrar no sé a quien, sus lentes oscuros y batir al aire sus largas patillas.

Los posteriores años el enjuto Manuel habría pasado a formar parte de ese siniestro y selecto personal de soplones, tiras y etcetras de los organismos de represión en la sede de gobierno, de sus andanzas y calvarios, de sus días de arresto, de torturas, de alcohol, de prostitutas, del hampa marginal solía hablar recurrentemente, del barrio de Ch'ijini, de algunos antros donde afirmaba que los vasos de un boliche estaban sujetas a las mesas por cadenas, para evitar el robo, del "Averno", según él había que tenerlos bien puestos para pisar aquel tujurio, me gustaba dejarle perorar sus sandeces, de sus contactos, de sus jefes a los cuales irremediablemente acababa despellejándoles con su verborrea mezclada de adjetivos incomprensibles,- ¡esto es koba gil!!- afirmaba, mirandome con los ojos perdidos, la boca semiabierta que dejaba ver los deformados dientes ennegrecidos por el café, tabaco e infaltable alcohol que celosamente guardaba bajo su cama y en damajuanas. Varias revista de fotononovelas mexicanas esparcidas por todas partes, eran su liviana literatura, por eso decía que La bella Lucía Méndez era su chica, pero que ella no lo sabía, a semejante delirio, el "Siguro" con su habitual sorna le espetaba al respecto: "Flaco vos no pillas ni una burra atada" desatando la hilaridad de todos. Se jactaba de su apellido y había poco que decir al respecto era igual al del héroe que se encuentra con su caballo como el Tata Santiago de monumento; al abrir las puertas de su cuarto para dejarla aerear, penetraba más bien un fuerte olor a Orín de conejos, que criaba en unos cajones de madera en aquel estrecho patio.

Luego dejé el pago y cuando retorné a un tiempo, le pregunté al C'uchi Leoncio: -Qué es del Manuel-, este fue lapidario al contestarme: - "Ese carajo ya ha muerto, dicen que en medio de vómitos, estertores, gritos sórdidos y muchos ayes de dolor, finalmente terminó escupiendo hasta el último pedazo de su hígado, ¡también tánto que le metía los tragos!! no había ni una alma para socorrerle, al final dice que entraron sus vecinos y le vieron que estaba colgado de su cama junto a un bacín donde remojaban sus largas patillas,  ya van a ser dos años con este próximo Septiembre".

Esas prolongaciones de pelo y barba por delante de sus grandes orejas y el mes que mencionó el C'uchi, me permitieron creerme mis conjeturas y sospechas, que por mucho tiempo me rondaron la cabeza, puesto que en las incontables confesiones de borrachos que escuché, alguien aseguró haber visto a un hombre flaco y de largas patillas disparar un arma aquel fátidico 2 de Septiembre, desde la esquina del edificio prefectural a la muchedumbre donde precisamente encontraron la muerte David y Carlos. Como todas las alimañas huyeron y las posteriores autoridades no podían ser jueces y parte a la vez, fue difícil conocer la verdad, nunca se hizo una investigación al respecto hasta el día de hoy, un halo de miedo al principio y luego un nubarrón de olvido cómplice nos cubrió a la mayoría de la paisanada, hasta que, hace muy poco en el tiempo, voces valientes de jóvenes y no tan jóvenes reivindicaron para la memoria y dignidad colectiva aquel Septiembre luctoso.

En memoria y agradecimiento eterno a David Arequipa y Carlos Cruz.

8 de julio de 2015

¿Hong Hong, Entel?

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Así nomas es, pasa que miras algunas cosas frecuentemente y sin embargo, no te fijas en ellas o en los detalles, hasta que de pronto un día sin buscar nada y ni siquiera pensarlo, mientras esperas que mamá conteste el teléfono... ¡Zas Panchita, ahí está, ahí está, como la puerta de Alcalá!

¡Jo... cómo no vi esto antes!

Sí claro, a cualquiera se le escapa una sin que importe el tamaño ni los recursos con los que cuente. Pero... ¿dos seguidas?  ¿habrá más?

No, no es una letrita cambiada, ni otra omitida, tratándose de la imagen que representa es... bueno, es que no debes permitir que Hong Kong se vuelva "Hong Hong" ni Inglaterra pase a ser "Inlaterra".

¿Tu, qué crees?


2 de julio de 2015

Bienvenido Papa Francisco

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Hoy le quiero contar la vida, pasión y muerte de Luis Espinal Camps, sacerdote que en 1980 dio su vida por la recuperación de la Democracia en Bolivia.

Respetuosamente.

Luis Rico

            LUCHO ESPINAL
                    Autor: Luis Rico

Lucho nació feliz allá en España           
Llegó por mar y tierra a Achachicala
Mirando desde abajo la montaña
Subió por su calvario a Chacaltaya.            
           
Las calles del terror en Barcelona   
Marcó su ruta clara en negro y blanco
Echándose a volar como paloma
Huyó del dictador Francisco Franco.

Llegó aquí a Bolivia un seis de agosto
Después del mayo aquel sesenta y ocho
Se hizo de esta Patria con el gozo    
De encontrar  a  Dios con otro  rostro.

Nos dio a los bolivianos sus espejos
Aquellos que están abajo de sus cejas
A cambio a él le dimos plata y oro
Metidos en un plato de lentejas.

Entró a este laberinto por sus venas
Callejas de los barrios marginales
Casuchas a la luz de cuatro velas
Donde iba a curar todos sus males.

Todo esto acumuló en su petaca
Todo esto, confesó, fue su fortuna
Son cosas muy pequeñas, cosas gratas
Las cosas con vivencias muy profundas.

Nos dejó sus recortes de PRESENCIA
Cartelera de cine de ÚLTIMA HORA
Semanario AQUÍ, cultura, ciencia
Y en FIDES Oraciones a quemarropa.

Le dejó al  P´hajla  su yunta de madera
Pañuelo para  llorar a Domitila (Chungara)
Una bandera  blanca a Ana María (Romero de Campero)
Chuquiago a UKAMAU así es la vida.

Nos dejó todo, que es poco y que es nuestro
Abrazos fraternales, Compañeros
Nos dejó  su  brazo en alto, con pañuelo
Subiendo la Tumusla al Cementerio.

9 de junio de 2015

Aquel Aniversario...

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(Madrid 04/06/2015)

"Sí, hay lindos lugares, pero ellos no tienen lo que nosotros tenemos", me contestó con su singular hablar el querido Alfredito, y percatándose de nuestro repentino silencio, asintió casi con una sonrisa: "¡Cierto!!"

Yo le había preguntado con pretencioso aire de instruido curioso que Suiza sería hermoso ¿no?, lo mismo que otras ciudades de Europa, pero me quedé descolocado y tardé mucho tiempo en entender que aquella noche del invierno chicheño, el maestro nos invitaba a querer, a valorar lo nuestro, lo propio, antes que lo foráneo.

Sí, era aquella noche de junio de 1974, luego de la actuación en el teatro 7 de Noviembre, memorable recital en el que también creo que actuó Luis Rico, estuvo Ernesto Cavour, de quien dijo: "Lindo toca su charanguito ¿no?" Cuando le mostramos nuestro asombro por la maestría del "dueño" del quirquinchito...

Todos esos días quizá son los más hermosos que viví de chango, se estaba rindiendo homenaje al IV Centenario de fundación de nuestra amada Tupiza, confieso que al igual que la mayoría de los paisanos ignoraba que el Comité que preparó aquel acontecimiento se había inventado la precisa fecha adelantándose a la de Tarija, exactamente en un mes. Ja, ja, ja... yo lo tomo como una osadía propia de los paisanos y con un cierto sentido del humor, aunque a los académicos creo que ya les colmó y a otros les quita el sueño esperando que se ajuste a un rigor histórico necesario; de cualquier manera, aquellos días parecía como si el aire que respirábamos fuera otro, veía que todos querían colaborar en algo, así de manera espontánea los grupos juveniles embellecían la población con sus escasos recursos, se levantaron letreros de bienvenida en los accesos de la ciudad, algunos tomaron las plazuelitas para darle unas brochadas de pintura a sus bancos y soportes del alambrado. Nosotros lo hicimos con la plazuela dedicada a la madre que está frente a nuestro querido Colegio Suipacha.

Las instituciones estaban prestas a sumarse a la fiesta, por eso aquellos valerosos ferrucos, en un acto de agradecimiento merecido le nombraron "Hijo Predilecto" al más grande de nuestros artistas, también se convocaron a muchos concursos, el de monografía histórica, la ganó mi profe de Historia, Edgar Murillo, en el de pintura,el feliz ganador fue nuestro querido compañero de andares Carlos Joaquin Velasquez (Lorito Q.E.P.D.); el fútbol como uno de nuestros sellos de identidad se engalanó con la obtención del Campeonato Nacional, el Comité Cívico tomó la batuta de todos los actos al mando del profesor Humberto Ortiz, con aquella publicación de la revista conmemorativa cuasi completa, a manera de una guía telefónica actual, que hoy mismo es un documento de consulta muy requerido; se llevó a cabo el Festival de la canción folklórica "Así es mi tierra", recuerdo a Juan José Gamarra, a los hermanitos Arce y al Vanchiro entre los galardonados. Y, me parece que para ese entonces se consolidó el largamente esperado "Puente Suipacha" vital en la conexión caminera.

Pero lo más sobresaliente era la llegada de varios paisanos, algunos ya entrados en años, que diariamente se estrechaban en prolongados abrazos, especialmente en la plaza, lugar de encuentro cotidiano y en las noches de retreta, La víspera un desfile de teas y de farolitos encendió los ánimos, para terminar en fogatas, yo estaba frente a la librería Cultura, en la calle Bolivar, donde se reunieron muchos paisanos y al calor de unos ponches empezaron los vítores, muy cerca sonaban unos sicus, música de temporada acorde al calendario agrícola, pues las anatas sólo se tocaban en época de Carnavales.

No sé si fue por aquellos días , pero recuerdo que una mañana en la Estación de ferrocarriles se arremolinaban varias estudiantes del Liceo Pedro Arraya, y a la llegada del tren formaron un pasillo que daba hasta la puerta del vagón desde donde descendió una venerable dama agitando su delicada mano, entonces se escuchó el Vals a Tupiza en las voces de la hermosas paisanas. Se trataba de la señora Remedios Oviedo Vda. de Daza, gran compositora que supo enaltecer su amor por el pago a tal punto de provocarnos a muchos, sensaciones que tocan las fibras más íntimas, parece anudarse algo en la garganta y sin más trabas brotar las sentidas lágrimas para completar el verso:"...Y quisiera dedicarte mi cariño, elevándote a una cúspide de gloria..."

Así, caminando llegamos hasta la calle Tarija, ayudando a llevar su guitarra al Alfredito varios amigos de la Villa, nos despedimos, quiso darnos la mano a todos, y todos estrechamos con admiración esa mano prodigiosa que alguna vez diría "No sé si son prolongaciones de mi guitarra ¿o al revés?"

Aquella noche creo que no dormí , escuchaba sin pausa las notas de su guitarra y el eco de su palabra pausada.

Un abrazo a todos los paisanos en este "aniversario" a esos tantos que dirían: "Si querís peleya, peleyamos, si querís puñal, puñaliamos que a nosotros nil diablu nos domina".

En reconocimiento a los paisanos que tanto hicieron por nuestra tierra.

30 de mayo de 2015

Otra vez tres

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Mayo, junio y julio son meses en que los chicheños andamos de festejo en festejo, unos por eventos comprobados, otros por aquellos de cuya ocurrencia no hay certeza y también porque la tradición así lo manda desde antes.

Sí claro, tampoco faltan festejos en agosto, septiembre, octubre y por supuesto noviembre para luego continuar la fiesta en diciembre, obvio en enero con la Fiesta de Reyes y no la paramos hasta carnavales que según venga la mano se celebran en febrero o marzo y luego la Pascua para completar la docena (de meses).

¡Ah, sí!, ahora te cuento qué se festeja en los tres primeros meses mencionados, aunque seguro ya vas adelantando el recuento:
En mayo, el día 20 se festeja la fundación de Villazón, ciudad capital de la provincia Modesto Omiste, que este año cumplió nada menos que ciento cinco años.

En junio, aunque no nos parece a algunos, festejamos la dizque  fundación de Tupiza.

Y finalmente, en julio llegan las "Santanitas" o fiesta de Santa Ana y con olor y sabor a tijtincha, la fiesta del Tata Santiago.
Pero, hoy no pase por aquí para hablar de las fiestas, sino para comentarte que María Elena Chambi Cáceres, también tiene uno de los ejemplares del libro  "Glorias de la Histórica Región de los Chichas en la Independencia", cuyo autor es el Profesor Edgar Murillo Huarachi y sobre el que te conte aquí.

Además, María Elena es autora del recién presentado libro "Los Chichas en la Colonia" y "de Vientos del Sur" .

Sí, eso era, entré al blog para decirte que ya que estamos en época de festejos relacionados con la historia, es una buena ocasión para que adquieras un ejemplar de los libros mencionados y nutras tu conocimiento para luego, con orgullo levantar tu copa y brindar por la tierra chicheña.

El libro "Los Chichas en la Colonia", se encuentra a la venta en la librería el Baúl del Duende, frente a la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, puedes también pedirlo llamando al 70630710.

Por su parte, el libro "Glorias de la Histórica Región de los Chichas en la Independencia", lo puedes encontrar en la librería Los Amigos del Libro, frente a la Plaza del Estudiante o llamarme al  72513464 y pedir tu ejemplar, que como comenté en esta entrada del blog, también lo podemos enviar para la ciudad donde radiques, solo tienes que llamar o enviar un mensaje a una de las siguientes direcciones:
¿Por qué el título? Pues, porque en diciembre te hablaba también, de  tres producciones de autores chicheños.

Dale, adquiere tus ejemplares y envíame una foto tuya posando con ellos, para que mostremos al mundo tu orgullosa y sabia adquisición.

22 de mayo de 2015

Miradas de un tiempo...

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(20/05/2015)
Acababa aquel mes de marzo y con él los días agradables del verano chicheño, por órdenes superiores nos trasladaríamos ese medio día a Mojo, era el destino para realizar la segunda "revista", llegamos como a las cinco de la tarde arrastrados por aquel tren carguero que dejó los últimos vagones, mientras recogíamos nuestros enseres la humeante locomotora continuó su recorrido al sur con algunos vagones cisternas llenos de combustible.
Villazón

En la estación que estaba vacía, sobresalía una torre de agua y a los costados de la vía una gran cantidad de maderos de quebracho, que servían de "durmientes" para sostener los raíles del ferrocarril.

En correcta formación y a los sones de una marcha cantada a capela, llegamos a las puertas del vetusto Cuartel de Mojo. Allí, una escuadra de conscriptos y un sargento dieron el parte correspondiente a nuestros instructores, con los últimos rayos del sol ingresamos en él y la primera impresión que me causó fue de desamparo, hicimos un recorrido rápido por las instalaciones a la vez que limpiamos nuestro dormitorio, habían pocas camas, por eso, yo compartía la misma con mi primo el "Caronte".

Los días posteriores eran de rutina, a primer hora el desayuno, luego la gimnasia, el orden cerrado hasta la extenuación e invadidos por las diminutas y molestas estrellitas del suelo agreste que se pegaban al uniforme de jerga de tanto "tenderse, levantarse" y que causaba escosores insoportables, posteriormente a comer, por las tardes visitar el terreno donde prepararíamos el examen táctico de toma de localidades, marchábamos hasta el puente más sobresaliente, y luego de unas simulaciones, recorríamos dos columnas de soldados flanqueando las vías, para tomar prisioneros a cualquier transeúnte y al jefe de estación, que cooperaba todos los días y finalmente, la toma del cuartel, como si se tratara de un asalto a una fortificación enemiga.

Todos los atardeceres, antes de la cena bajábamos hasta la estación de trenes, cerca de ella estaba la tienda donde podíamos comprar algún pan o mortadela para llenar el buche que parece no tener fondo cuando se es conscripto. Muchos de los camaradas recordarán a la uraña mujer que atendía la tiendita, miraba de reojo debajo de su ajustado sombrero con cierto aire de Cow boy, por eso quizá la llamábamos "la Red Ryder".

De esa estadía en aquel poblado tan particular son mis conversaciones con el gran amigo Chaba García. Raul era maestro de niños en la escuelita que quedaba contigua al camino carretero. Los domingos de franco nos apeábamos en la tranca para esperar la primera movilidad que llegara, si venía del norte, nos iríamos a Villazón, si venía del sur el recorrido sería más largo hasta Tupiza, otras veces nos quedábamos en Arenales a degustar los sabrosos asados de cabrito con los últimos choclitos de temporada, otras veces llegábamos a la casa del amigo Freddy Vargas el yurumeño que quería vaciar su despensa a fin de tenernos bien comidos.

Aquella mañana nos despertamos más temprano de lo habitual, antes que rayara el sol estábamos preparados para partir a Villazón, teníamos que asistir al desfile por su efemérides, llegamos al pequeño cuartel muy cerca de la estación de ferrocarriles, recorrimos una ancha avenida dividida por las vías del tren hasta el edificio de la Terminal de buses, ahí a la vuelta, la plaza principal, una torre de iglesia sobresalía altiva, donde llegaban casi todos presurosos, una comitiva de autoridades civiles y militares encabezaba aquella columna humana, la presencia de un cura que saludaba con aire festivo me llamó mucho la atención.

Y llegó nuestro turno, el oficial con un discurso no habitual terminó con un: "Con compás, marrr" y a la misma orden la banda de música empezó los acordes de la marcha mas lenta, para el paso de "ejercicio", los civiles dirían "paso de parada", al subteniente "Borsalino" se le hinchaba el pecho, con el mentón casi pegado al esternón, su mirada fija y blandiendo su sable, encabezaba nuestra sección, la de los más bajitos, que portábamos fusiles, una ametralladora por escuadra y los lanza cohetes ante el aplauso de la población.

Aquel día, creo que inauguraban el nuevo mercado, se veía todo limpio, allí almorzamos, cada vivandera estaba obligada al parecer, a dar de comer a cuatro o cinco soldaditos, recuerdo que después de mucho tiempo nos daban a escoger el plato, yo me atreví con un delicioso saice y que además era generoso como una montaña, por la tarde nos dieron franco, así que nos fuimos de paseo y casi al anochecer nos tomamos unos vinos de damajuanas en abundancia, no reparamos las horas cuando recuerdo que estábamos en la puerta de una fiesta en la "Terminal", insistiendo en querer entrar, cuando de repente oímos una voz muy familiar: ¡Soldaditos...!, quedamos firmes, pero el vino ya había hecho su tarea, nos ordenó que nos retiráramos de inmediato. Se trataba del Teniente Fernández oriundo de aquella ciudad, al que cariñosamente le decíamos : "El Men", ja, ja, ja...

Volver al cuartel y en esas fachas no era lo aconsejable, sabíamos qué sargento estaba de guardia, por eso buscamos alojamiento en casa de un familiar conocido que se apiadó de nuestra temeridad a esas horas y soportando el intenso frío solo posible al amparo de los vinos en el organismo. Eran los días del penúltimo año que gobernaba el general como si se tratara de su feudo particular.

Hoy 20 de Mayo, están de fiesta nuestros hermanos de Villazón, para todos ellos nuestros agradecimientos por ser vigías de la bolivianidad - y aunque todavía se percibe aquella rivalidad creada por intereses ajenos que nos dividieron administrativamente- Vaya para todos ustedes un abrazo sincero de un Karazapato, como gustan decirnos, y que tengamos mejores días, los que soñaron y sueñan sus mejores hijos, como Carlos Villegas, Hernán Cayo, Lelis Molina, Oscar Solíz, Mario Lima, el querido "Matracas" y tambien a mis paisanos que se quedaron allí para engrosar las filas de los guardianes de nuestra frontera: Roberth Vargas, Héctor Ortega, Héctor Ajalla, Mery Cedro, José Lafuente,el "Peluso" y tántos otros.

Para mi amigo Papillón con quien compartí aquel encierro entre risas, patadas, palos y marchas...

3 de abril de 2015

Es Ignacio un personaje sin igual

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Dr. Ignacio Andrade A.
Tupiza, el pueblito encantau, dio a Bolivia y al mundo muchos personajes de valía sin igual y en la galería de chicheños notables, se encuentra quien hoy 3 de abril está de cumpleaños, el Dr. Ignacio "Nacho" Andrade Alfred.

Chicheño de cepa, médico de profesión y amigo noble y leal como el que más, que no ceja en su aporte a la tierra mediante el apoyo a los paisanos (y no paisanos también) que acuden a él en busca de alivio para sus males y dolores.

Es el Nacho un personaje sin igual, lo digo y lo mantengo, que merece el homenaje y reconocimiento público de su pueblo, sus paisanos y amigos, porque su trayectoria es digna de reconocimiento, porque desde chango tuvo que pelearle a la vida y no obstante, no dejó nunca de ayudar al amigo que precisaba de su conocimiento y apoyo, dale, si no me crees pregunta nomás, a la muchachada que estudió en Sucre, en los años que él estudiaba en San Francisco Xavier, universidad de la que fue estudiante destacado y reconocido por el claustro académico, como tal.

Y tiene Ignacio, el reconocimiento y agradecimiento de quienes acudimos a su encuentro, para poner en sus manos la vida de nuestros seres queridos y él nos la devolvió con bien.

Por eso, por ser un profesional destacado y amigo que siempre está para brindar su sapiencia solidaria, en el día de tu cumpleaños recibe querido Nacho, este homenaje personal junto con el abrazo fraterno de mi familia y mio, pleno de deseos de bienaventuranza para que la tuya sea una larga, chura y buena vida.

¡Feliz cumpleaños Nacho!

1 de abril de 2015

Bethzabe Claudina

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Bethzabe Claudina Murillo Jurado
Llega el 2 de abril, con la alegría permanente de recordar que es el día en que se inició la vida del ser que me dio la vida.

Es el cumpleaños de mi madre querida, y en casa lo recibimos felices de tenerla con nosotros y verla así como la ven ¡guapa y chura chicheña!

¡Muchas felicidades y larga vida  mamita querida!


16 de febrero de 2015

Urgencia no es Emergencia

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Lees el letrero este y no puedes menos que convenir en que no es lo mismo, más claro agua:
Si no pasas por el Centro de Salud en un caso de emergencia te podes morir y ni a quien te quejes después.
Por el contrario, siendo una urgencia puede ser que mueras mañana como puede que el viernes te encuentres chocho de la vida, cascándole una partida de cacho con los amigos.

Lo que no dice es cómo reconoces si es una u otra cuando despiertas a medianoche con tal dolor en el bajo vientre que parece que un ejercito de duendecillos marchará a paso redoblado, camino a salir por el espacio que encuentren disponible y sin pedir permiso a nadie.

Y si acaso, bajando por una de las calles de la ciudad a las 21:07, resbalas, caes por la pendiente, te levantas como puedes, con tremendo chichón en la cabeza  y un dolor que parece salir del tuetano. Llegas a tu casa para pacientemente y a lo macho (calladito caracho, porque los machos no lloran) esperas que amanezca para ir a consulta, pues seguro que de esto no te mueres, a menos que en la matina, te encuentren tieso producto del golpe en el tojlo y tu mequetrefe no sabes distinguir una emergencia de una urgencia o un golpe leve.

Y no se, la verdad creo que lo que está claro en el letrero es que mejor será aguantarte cualquier cosa, hasta el día siguiente en el que con suerte, podrás reservar turno para la consulta y no importunar con tus sonseras al servicio de urgencias/emergencias.

Mmm... por favor, si tienes una lista de síntomas o eventos, que permitan diferenciar una cosa de la otra, compártela para no ir arrastrándote sin motivo a molestar sin motivo a los jóvenes doctores encargados de la sala de urgencias/emergencias.

10 de enero de 2015

La Fiesta de Reyes que pude ver...

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Aquel grito de mi madre - lo cual no era usual- me paró en seco, agarré mi pelota y fui a su encuentro, lo había hecho para pedirme que ayudara a la vecina a llevar los listones, tablas, calaminas y alambres con los que armarían su carpa en la orilla.

Recuerdo que cavábamos con un barreno la tierra que ya estaba demarcada con torpes lineas de yeso,  por funcionarios de la Alcaldía; el trabajo frenético, entre golpes de martillos, combos y clavos, gritos y silbidos poco a poco se apagaban antes de que se pusiera el sol, a esas horas estaban casi listas la mayoría de las carpas, no faltaban las otras, esas hechas de molles y sauces, parecían casuchas, hoy dirían "ecológicas", otras eran cubiertas con lonas, el inconveniente estaba si llovía, por eso el techo era lo más cuidadosamente trabajado, cubrirlo muy bien era la norma.

Por la noche, las poncheras avivaban los braseros, las ollas humeantes con el fuerte aroma a canela y leche, lámparas con vela, otras con mecheros y algunas que decían: "A camisa", como las más modernas, todas alumbraban aquel espacio a pocos metros del río.

Otras tantas carpas, eran armadas en el callejón hacia Remedios, con las mismas características, pero corrían mucho peligro, ya que hubo en años pasados, copiosas lluvias formando temerarios turbiones que arrasaron con todo a su paso. Mi madre callaba absorta al recordar aquellas desgracias.

Al día siguiente, desde tempranas horas la población acudía a la fiesta, primero cruzaban al frente, a lo de la virgencita, yo veía filas de feligreses pisando la famosas "saltanitas" que eran unas piedras sobresalientes que impedían mojarse los zapatos y a veces un tronco toscamente labrado para hacer de improvisado puente en el lugar más caudaloso y profundo del casi cristalino río. En la puerta del bello templo muchas velas para vender, un fuerte olor a incienso lo cubría todo y al poniente de ese frontis, un bullanguero y simpático loro imitaba silbidos y risas.

Al retornar, en plena esquina del callejón y el río, se pertrechaban los alfareros que llegaban desde Chagua,Talina y Santa Catalina, trayendo ollas, jarras, vasijas, wirkhís, cántaros, p'uitulus, tutumas y las sartas de ollas en miniatura para las niñas.

De la Argentina llegaban algunos gauchos que ofrecían hermosas mulas, tan fuertes y dóciles como los abundantes burros que colapsaban los pocos corrales circundantes, muchos enseres para caballos, monturas, bridas, riendas, estribos y una variedad de fuetes, lazos, chicotes, coyundas y taleros.

Para esa hora ya estaban en la orilla los pajpacos haciendo de las suyas con su consabida verborrea, dos o tres fotógrafos de antaño con su cajita oscura y una tela negra con la que se cubrían toda la cabeza para evitar los rayos del sol, de rato en rato mojaban el papel como si estuviesen lavando las imágenes logradas, muy cerca de ellos, un pintoresco señor de sombrero y chaleco, llamaba a probar la suerte, tenia unos vistosos pajaritos de color blanco, parecían más bien periquitos, muy bien amaestrados, que al solo golpe en la jaula, extraían con su pico un papelito envuelto en el que estaba escrito tu suerte. A mí me asustaba saber que la mía estaba aprisionada en esa jaula, por eso, mi mirada la dirigía al asustadizo monito que se hallaba sentado sobre dicha jaula, con su sombrero de charro y a veces con el sombrero alón, sujetado con una cadena dorada de la cintura al botón del chaleco del poseedor de las suertes.

Después del medio día, la caballada, como decía mi madre, era grandiosa, habían grupos de doce o quince jinetes, con sus mozas en ancas, cantando tonadas con sus agudas voces al son de las cajitas, en cada tropa, uno con su erke, mi madre decía "kuti", al parecer se trataba de un pequeño cornetín de ojalata, no sabría precisarlo; pasaban al galope el río unos de ida y otros de vuelta, solían darse sendos azotes, no sé si era una manera de divertirse o se trataba de alguna rivalidad, llegaban desde Oploca, del lado de San Miguel, de Almona, otros tantos de Chacopampa,Talina, Quiriza y otros menos de Mochará y Río Blanco. Tomaban la calle Tumusla, hasta la Plaza y retornaban por la Chorolque sacando chispas con los cascos y herraduras en las calles que por entonces solo eran empedradas.

El olor de las peritas que llegaban en "chipas" desde Totora, Cotagaita, Vichocla, Cazón, los quesos mochareños, los deliciosos tamales de las señoras Donaire, los picantes de doña Patricia Vedia y de doña Indalicia, los mentados singanis de doña Regina, las chichitas de doña Barbarita o de doña Adrianita Gonzales y por la tarde los pasteles inigualables de doña Carmen Villegas, de la señora Vargas, mamá del cura, las frutas secas de doña Nelly Mendoza... En fin una variopinta de manjares que mareaban el olfato, el gusto y la vista.

Y por las noches, los ponches eran los dueños y señores, las voces y guitarras de los cantores, pero también no dejaban de sonar una batería y un acordeón en alguna de las casas contiguas al río, mi mamá decía: "La orquesta", a mi me causaba mucha gracia su rotunda afirmación. Así eran aquellos años sesenta, luego la fiesta perdió su brillo a tal punto que apenas dos o tres jinetes paseaban, uno de ellos era el P'esko Oropeza en su brioso moro como guardián y acusador de nuestra dejadez galopaba las últimas fiestas que vi con alguna atención junto al testigo mayor de nuestra fiesta: El viejo Molle de nuestra "Lameda..."

¡¡¡Para todos los amigos de nuestra hermosa infancia!!!

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